Sola… pero acompañada de lo más importante: tu alma y tu luz propia. En esta sesión, el silencio se vuelve refugio y la intimidad se transforma en arte. No vienes a “posar”; vienes a reconocerte. La luz —suave, cálida, honesta— te envuelve como una promesa: aquí no hay juicio, solo presencia. Cada mirada al lente es un diálogo contigo misma, una forma de decirte: “Estoy aquí, me pertenezco, soy suficiente.”