Al suave y cálido atardecer..
La luz tibia de la tarde se filtra por la ventana, acariciando su piel con un resplandor dorado. Envuelta en fina lencería, su silueta se dibuja con sutileza, cada curva resaltada por la suavidad del encaje. Cierra los ojos por un instante, sintiendo el calor sobre su cuerpo, disfrutando de su esencia, de su propia sensualidad. Se mueve con naturalidad, consciente de su magnetismo, de la armonía entre la luz y su belleza, un instante perfecto de deseo y plenitud.








